Uno de los fallos conceptuales más graves en limpieza profesional es invertir o eliminar la fase de limpieza previa a la desinfección. Desde un punto de vista químico y microbiológico, esta práctica invalida el proceso.
La presencia de materia orgánica (grasas, proteínas, restos minerales o biofilm incipiente) actúa como barrera física y química frente a los principios activos desinfectantes. Esto provoca una reducción significativa de la eficacia biocida, incluso cuando se utilizan productos homologados y se respetan las concentraciones teóricas.
En auditorías higiénico-sanitarias, este error suele manifestarse en:
Resultados microbiológicos inconsistentes
Falsas sensaciones de control higiénico
Repetición de tratamientos sin mejora real
La desinfección solo es efectiva cuando se aplica sobre superficies previamente limpias, con tiempos de contacto reales y condiciones de uso controladas. Cualquier desviación en este orden compromete la validación del proceso.
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