Después de la limpieza inicial, lo importante es mantener el nivel durante toda la temporada. Para ello, conviene establecer rutinas sencillas pero constantes.
Una posible organización sería:
Antes de abrir: revisión general, barrido, limpieza de mesas, sillas, accesos y zonas visibles.
Durante el servicio: retirada de residuos, limpieza de mesas entre clientes, control de derrames y revisión de zonas de paso.
Después del cierre: limpieza más completa de suelos, mobiliario, puntos de residuos, sumideros y rincones.
Semanalmente: revisión más profunda de juntas, manchas difíciles, cristaleras, estructuras, toldos, sombrillas y zonas menos visibles.
Este tipo de planificación evita que la suciedad se acumule y reduce la necesidad de limpiezas intensivas más difíciles de gestionar en plena temporada.
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